sábado, 5 de julio de 2014

Sorpresa en la caza - Cap3

Eran las 12 de la noche de otro día de duro trabajo y de falta de sueño. El agente del FBI Stan Gibbs nadaba en un muro de papeleo interminable: testimonios, fotos, documentación sobre pruebas... Una montaña de cigarrillos y un vaso de whisky con un par de hielos, hacían de adornos en la mesilla cerca de la lámpara, y de fondo se oía el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Esa obra maestra conseguía calmar sus nervios, a la par que le hacía concentrarse más allá de lo que cualquier otro método pudiera.

"Necesito vacaciones, sino... no sé cuanto voy a durar a este ritmo", pensó Stan mientras vaciaba el vaso de un trago. Cogió otro cigarrillo, lo encendió y se levanto de la silla. Se dirigió al mini bar casero que se había construido hace un par de años, mientras estaba de baja por un disparo que recibió en estando de servicio. La cicatriz aun le molestaba, y de vez en cuando se la palpaba en un movimiento instintivo, una costumbre. Eso mismo hacía mientras se servía otro trago, tras darse cuenta que de nuevo se tocaba el hombre derecho, rápidamente dio otra calada al cigarro para apartar la mano. Cogió de nuevo el vaso y le puso otro hielo camino a la mesa. Ese nuevo caso del asesinato de un agente del FBI infiltrado en una banda de traficantes de armas, tenía a la agencia muy alterada. La mayoría de los agentes habían tenido que aparcar sus asuntos de menos relevancia para atender a la prioridad número uno del momento. Recogió un expediente y fijó su mira en el sofá, necesitaba algo mullido pues llevaba más de 2 horas sentado en la silla y tenía el culo literalmente cuadrado. Acomodo unos cojines, encendió la lámpara de pie que tenia y se tumbo en el sofá.

El sonido del teléfono le despertó a las 8 a.m, se había quedado dormido mientras leía todo ese papeleo que guardaba la carpeta del expediente. Cogió su móvil y vio que era su futura ex-mujer, siempre era su ella, estaba de los nervios porque Stan no había firmado los documentos del divorcio, y la verdad pretendía alargar todo lo que pudiera el acontecimiento solo por hacerla sufrir. Ella le había hecho la vida imposible en los últimos años de relación. Sus caprichos, sus cambios de humor y esa altanería que le entró por ser la mujer de un alto cargo en una de las instituciones más importantes del mundo. A él eso lo carcomió por dentro, no le gustaba ser el centro de atención, ni fardar de sus méritos ni aprovecharse de su cargo en el trabajo. Solo buscaba hacer el bien común, ayudar en todo lo que fuera posible sin atender a los halagos ni condecoraciones.

-Dime Steffi, ¿Que te trae de los nervios hoy?-, le dijo Stan nada mas aceptar la llamada.- ¿Cómo que, que me traes de los nervios? no me seas petulante! Ya sabes el porqué de mi llamada, siempre es la misma razón por desgracia. ¿Te vas a dignar a filmar los papeles algún día?-, le recriminó ella claramente disgustada. En su voz Stan podía sentir todo ese resquemor acumulado durante años, por la falta de atención y cariño que según ella, él no le había dado. - Tranquila, ando muy liado últimamente en el trabajo, ha pasado algo importante y no puedo desviar mi atención sobre cosas más rudimentarias -, respondió Stan con un ligero toque de cansancio y aburrimiento en sus palabras. - lo siento Steph tengo que dejarte, me pillas en mal momento... -, - Siempre es un mal momento para ti, pero ten por seguro que en breves los firmaras, eso te lo aseguro!-, le corto ella con síntomas de histeria en su voz. - Adiós Steph, como siempre un placer -, le dijo Stan y colgó sin darle opción a que ella le respondiera.

Tras arrojar el móvil al sofá, se fue al cuarto a coger una toalla para darse una ducha. Se afeito y se recorto el pelo a sí mismo, no se cansaba en ir a la peluquería pues tenía ya cogida la medida a como cortarse el pelo a si mismo desde hace años. Se puso sus jeans vaqueros, una camisa blanca, la corbata y la chaqueta negra, tras verificar que hacía buen tiempo, se acerco a armario y cogió una de sus gafas de montura negra y cristales negros. Salió de casa y lo degustó, hacia un buen día, un día soleado con una ligera brisa que amenizaba ligeramente calor sobre si cuerpo. Su Mustang negro lo esperaba como cada mañana, con esa figura imponente, Stan adoraba ese coche, era su momento de mayor placer durante el día, cuando lo conducía y dejaba de preocuparse de las cosas que lo rodeaban.

Al llegar a la sede principal del FBI, como de costumbre debía enseñar su acreditación a Tim. - Buenos días Tim, ¿alguna nueva para comentar? seguro que tienes alguna historia o algún cotilleo que comentar - le dijo Stan mientras se reía. - Sabes que sí, pero estos días anda los jefazos controlando todo y será mejor que te lo comente más tarde, cuando se vayan a jugar una partida de póquer mientras beben unos tragos de Whiskys de $300 la botella -, le respondió este con un tono de cachondeo. - Tienes razón Timmy, luego quedamos como siempre para tomar un trago en el bar y me lo comentas tranquilamente. Cuídate artista y que te sea leve -, Stan y Tim chocaron los puños en señal de complicidad. Los 2 se conocían desde la juventud y desde entonces ya tuvieron la ambición a ser agentes de la ley, pero un desafortunado accidente le privó a Tim el poder cumplir su sueño. Los clavos en su pierna, cintura y la placa en la cabeza le habían hundido física y mentalmente. Stan siempre le apoyaba en todo lo que podía, por algo era su mejor amigo, pero cuando se trataba del lugar de trabajo, mantenían las apariencias, no querían inspirar dudas entre la demás gente, por si algún día esto pudiera importar o repercutir.

Al salir del coche cogió su maletín, en el la verdad llevaba bien poco, unos cuantos documentos de seguridad nacional y de obligación, era imperativo que los llevara encima para cualquier situación. Sobre los documentos referentes al caso que les traía de cabeza, tenía las copias exactas en casa y en su despacho. Claramente en casa tenía una caja fuerte de nivel máximo, obsequio de la agencia, ellos sabían perfectamente que los agentes no podían andar de un lado a otro con ese material clasificado y tan importante. Ya en el ascensor mientras subía al piso 78, 2 menos que el del director de la agencia, su compañero Anthony se unió a él en el piso 10. - Buenos días Tony, ¿Que vienes de la visita diaria a recursos humanos? esa sonrisa disimulada en tu semblante serio te delata -, le dijo Stan con una mirada de complicidad. - Como me conoces mamonazo, ¿No hay nada que se te escape? y eso que e subido un par de pisos por las escaleras -, le respondió Anthony dándole un golpecito en el hombro. - ¿Alguna novedad sobre el caso? estoy deseando cerrarlo para poder irme de vacaciones de una santa vez - dijo Stan con un brillo de ansiedad en sus ojos. - La misma telaraña de ayer, está jodida la cosa, esperemos que pronto obtengamos alguna información nueva y relevante -, suspiró Anthony con una mirada ausente.

Las horas delante del ordenador, con una mano colgada del teléfono fueron un suplicio para él. Mientras hablaba con uno de sus contactos en el mundo del contrabando, recibió un email con el asunto: "Ábreme agente Stan", el abrió el correo electrónico con una sensación rara en el cuerpo, leyó lo que ponía y unos sudores fríos emanaron de su frente, el hombro... el hombro le empezó a arder como nunca antes le había sucedido.

jueves, 3 de julio de 2014

Sorpresa en la caza - Cap2

"Jeff se dio cuenta que debía decidir lo que hacer, si llamar a la policía o si limpiar la escena del crimen y deshacerse del cuerpo. Mientras pensaba más y más en ello, a lo lejos escucho el sonido de unas sirenas y entonces sin pensárselo dos veces se dirigió al baño, abrió el botiquín y encontró un bote de alcohol, lo cogió y directamente volvió delante de la cama, tras recoger todas sus pertenencias, esparció el contenido del bote por toda la habitación, saco el mechero de su bolsillo y prendió fuego a cama, cortinas y alfombras.

Que el edificio fuese de madera le fue de gran ayuda y dio gracias a dios por ello. El fuego se espació rápidamente y tras la visión de un muro de humo y fuego salió rápidamente de la habitación que resulto ser un motel en medio de ninguna parte. En frente se encontraba su Skyline plateado y nada más salir se montó en él y aceleró al máximo en dirección contraria de donde procedían las sirenas.
Sin soltar el pie del acelerador condujo un camino desierto, cubierto de montes de arenisca y piedras.

El paraje desolador, deshabitado y sin transito aunque fuera buena señal para él, mentalmente le hacía mella, pues no era capaz de concentrarse para poder procesar todo, para pensar en que rumbo seguir después de la decisión repentina que tomó horas atrás. La imagen de Anna, desnuda y ensangrentada monopolizaba su mente, esos ojos de dolor acusativo, esos ojos de dolor y sorpresa. Sentía que todo era una pesadilla, no podía estar pasándole todo eso, no a él. Siempre había visto series y películas sobre situaciones similares, pero todo le parecían exageraciones, aun cuando en los periódicos o telediarios se pudieran ver o leer historias similares.

Y de repente se acordó de Marie, la belleza angelical que la tarde anterior le había cautivado. Ella debía de saber que paso la noche anterior, ella podría alumbrar el manchón oscuro que era para él ese mismo recuerdo. Busco en sus bolsillos, tratando de encontrar su teléfono móvil, pues recordaba perfectamente que ella le guardo su número mientras disfrutaban de unas cervezas en la playa. Nada más encontrar el móvil, busco con ansia su nombre en la agenda y para su asombro no tenía ninguna Marie en la agenda. Mas como podía ser, no era posible, estaba convencido que debía tener su número. Jeff cada vez perdía más la esperanza de poder salir ileso de la situación, pues no estaba seguro de si la jugada del fuego ayudaría a eliminar toda prueba física que le relacionara con la habitación. Se dio cuenta de que debía de haber algún empleado que les rentara la habitación, algún testigo fidedigno, sereno que pudiera retratarle o identificarle, o quizás dejo algún registro al alquilarla el cuarto... Miles de probabilidades pasaban por su cabeza cuando vio a lo lejos que se acercaba a una gasolinera.

Detuvo el coche para repostar, se puso las gafas y la gorra que llevaba en el asiento trasero del coche y salió del coche, esperaba que si se diera el caso, el que trabajara dentro no pudiera acordarse bien de él si ocultaba parcialmente su cara. Lleno el depósito y entro en la tienda de la gasolinera, - Buenas tardes - le saludo un hombre de unos 50 años, desaliñado y cierto olor a alcohol, tabaco y mugre. - Si buenas tardes -, le respondió Jeff sin casi pararse. Tras coger un mapa y algo de comer y beber se dirigió al mostrador. - esto es todo, por cierto podría decirme justamente dónde estoy? se me ha olvidado el mapa en otro lugar y ahora estoy un poco desorientado -, le comento de una forma muy natural, - pues... aquí, estás al Este del desierto y parque nacional Simpson - le respondió el hombre, señalándole con un dedo sucio y lleno de grasa, mientras escupía el tabaco, - Muchas gracias y... cuanto le debo? -, dijo Jeff, - 180,85$  y tome un ambientador y calendario de regalo, por buen cliente - le respondió el gasolinero con un toque ser sorna en sus palabras.

"1400 kilómetros? 1400 jodidos kilómetros?" volvía a preguntarse una y otra vez Jeff, "Como cojones e aparecido a mas de 1500 kilómetros de Sídney? Esto tiene que ser un puta broma, me cago en todo joder", se maldecía una y otra vez. "Debo de buscar un lugar para pasar esta noche, tengo que tranquilizarme y pensar tranquilamente", decidió finalmente.

Tras conducir durante unas cuantas horas más, justamente después de haber dejado atrás aquel paraje muerto y falto de vida, el cual no le había dejado ni un minuto en paz, pues los kilómetros y kilómetros de tierra llanos no le dejaron buscar un lugar tranquilo y bien resguardado donde poder sentirse seguro y fuera de la vista de cualquier visitante indeseado, se adentro en un trayecto parcialmente verde con montañas alrededor. Paro en una esquina para ojear de nuevo el mapa y decidir el lugar donde pararía. Tras ver que había unos cuantos caminos que se dirigían monte a través, siguió ese rumbo, y al encontrar un camino no construido para vehículos, siguió por ahí. Cuando vislumbro unos matorrales donde esconder el coche, decidió que era el lugar perfecto y aparco el coche entre los arbustos.

Cubrió el coche con unas cuantas ramas que encontró tiradas por el suelo y cuando termino busco hierba o ramas secas para prender una fogata que le iluminara el lugar y sirviera de abrigo a su estado mental y anímico. El calor de la hoguera consiguió que se relajara parcialmente, además le transporto a un estado de concentración que ya había olvidado.

"Mira que quería olvidar mi antiguo yo... me he mudado de país, he cambiado de nombre, de pensamiento e incluso de forma de ser... Dios no quiere mi perdón ni mi arrepentimiento, el quiere que siga el camino que nunca debí haber abandonado jamás". El semblante de Jeff cambió, a uno más serio, sin miedo ni dudas, sabía lo que tenía que hacer, como proceder, ya lo había hecho antes, muchísimas veces. En ese pasado oscuro suyo nunca había huido de ninguna situación, ni tampoco de nadie, más bien al contrario. La gente de su mundo huían con el simple comentario de su nombre, Logan el exterminador, debía resucitar una vez mas.