La visión se
le emborronaba a Stan e inconscientemente se agarraba con presión el
hombro. Recordaba aquella noche claramente, como si fuera ayer; soñaba alguna
que otra vez con ella.
Releyó una y otra vez el email hasta que su vista se nubló, era tan simple el mensaje que le hacía dudar de su veracidad. Sopesaba las posibilidades ante aquel hecho. El estado de alerta en la agencia le ponían las cosas difíciles. ¿Cómo podría librarse de las órdenes de sus superiores para dar caza, para emprender su vendetta personal?
Stan sabía que en su extensa hoja de trabajo tenía muchísimos logros de alto nivel y que por ello podría pedir algún que otro favor.
Se levantó con decisión, camino al despacho del director de la agencia. Stan dudaba si esa única pista, si así se le podía llamar, podría ser suficiente para el "gran tiburón". Así llamaban en la agencia al director Smith.
"Hola Caroline, necesito hablar con el jefe" le dijo a la secretaria del señor Smith. "Un momento Stan, está reunido ahora mismo, aunque le avisaré de que le estás esperando." Respondió ella con una sonrisa implícita. "Disculpe señor, el agente Gibbs está aquí esperándole", "Dígale que espere un momento", respondió el director con autoridad.
Por auto-reflejo Stan se sentó en la butaca de cuero negro que había frente al escritorio mientras le guiñaba un ojo a Caroline. "La guía del buen agente" se erguía firmemente sobre los demás panfletos en la mesa de cristal. Esa guía era lo primero que les exigían leer a cada agente de la agencia nada más ingresar, más concretamente cuando eran reclutados. En su caso Stan, la había leído con tan solo 14 años, cuando la encontró entre las pertenencias de su padre, después de que éste muriera en acto de servicio.
Stan viajó en su mente a aquella época, a las noches en el despacho de su padre leyendo su legado frente al fuego de la chimenea.
Recordaba el olor a puro y madera, el calor que desprendía el fuego cálido e insistente, la calidez del sofá frente a la venta, aquellos cuadros de impresionismo que inundaban la sala. Recordaba cada noche en la habitación, leyendo las memorias de su padre, sus libros favoritos, informes de casos, testimonios... Aquello le hizo pensar en su padre, el gran agente de la agencia, de los mas condecorados y valerosos. Un hombre de integridad, honor y sacrificio. El mismo sacrificio que tuvo que hacer Stan con la diferencia de que a el le costó su matrimonio. Añoraba a su padre más de lo que pensaba o podría dar la sensación. Siempre fue su héroe, su punto de inspiración, en quien se reflejaba en cada decisión que tomaba.
Mientras divagaba la puerta del despacho se abrió despertándole del ensimismamiento. El gobernador y un par de peces gordos de la política estadounidense y algún que otro alto cargo de alguna agencia no-gubernamental salieron con paso firme por ella. El último fue el director Smith, que con un "Hasta la próxima caballeros y buen día gobernador", se despidió del grupo. Tras examinar el rostro de Stan el director se giró hacia su secretaria. "No me pases ninguna llamada mientras esté reunido con el agente Gibbs, Caroline, a no ser que sea el mismísimo presiente". Acto seguido con un gesto de la cabeza le indico a Stan que entrara en su despacho.
"Por lo que puedo intuir hay algo importante que ronda por tu cabeza Stan, ¿Qué es lo que ocurre?", le dijo de una forma más cercana y cómplice. El director fue el compañero de su padre hasta el día de su muerte. En cierta manera siempre había sido como un tío para él y desde aquel incidente, como un segundo padre. En la agencia nunca le había servido tal vínculo para poder ascender mas fácilmente, ni tampoco se lo propuso. Alan Smith era un hombre de principios y desde el principio llegaron al acuerdo de que en el trabajo y, más aún delante de los compañeros, se tratarían según el rango, sin cercanías. Si quería llegar a ser un buen agente, mejor dicho, un gran agente, tendría que currárselo y demostrar que valía para ese trabajo.
"Buenos días tío Alan"- Stan notó en su mirada un mínimo sentimiento de incomodidad ante aquellas palabras -."Tengo algo que enseñarte". Sacó el contenido de su bolsillo y Alan alargó el brazo para coger el papel; de un rápido movimiento lo puso a la par de su cara y leyó:
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De: noname@anoniymous.as
Asunto: Información importante
Mensaje:
En la tierra de canguros tu pesadilla se esconde. ¡Sigue el camino de Hefesto!
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Tras un breve momento y sopesando sus palabras el directo le dijo a Stan -" Imagino lo que vienes a pedirme. Entonces, ¿Crees que es una información válida o por lo menos que deberíamos tenerla en cuenta? La verdad, es algo misterioso y aunque dudo que pueda ser alguien haciéndose el gracioso... esa última frase..."
"Te doy una semana para que puedas verificar esta nota, si encuentras algo que la reafirme o que la de algún sentido, ya hablaremos sobre el tema", le dijo con un deje de autoridad en su voz el director a Stan. "No hagas nada sin mi permiso Stan, ¡sé que llevas mucho tiempo deseando algo como esto!".
"Tranquilo tío no soy un novato, tengo más experiencia y sangre fría que en esa época, no te preocupes".
Tras un asentimiento y una mirada de complicidad, Stan salió del despacho confiado y excitado. Con la nota bajo la presión de su mano, fijó su mirada en Caroline. "¡Parece que va a ser una gran semana!", le dijo con una sonrisa y un brillo intenso en sus ojos.
Releyó una y otra vez el email hasta que su vista se nubló, era tan simple el mensaje que le hacía dudar de su veracidad. Sopesaba las posibilidades ante aquel hecho. El estado de alerta en la agencia le ponían las cosas difíciles. ¿Cómo podría librarse de las órdenes de sus superiores para dar caza, para emprender su vendetta personal?
Stan sabía que en su extensa hoja de trabajo tenía muchísimos logros de alto nivel y que por ello podría pedir algún que otro favor.
Se levantó con decisión, camino al despacho del director de la agencia. Stan dudaba si esa única pista, si así se le podía llamar, podría ser suficiente para el "gran tiburón". Así llamaban en la agencia al director Smith.
"Hola Caroline, necesito hablar con el jefe" le dijo a la secretaria del señor Smith. "Un momento Stan, está reunido ahora mismo, aunque le avisaré de que le estás esperando." Respondió ella con una sonrisa implícita. "Disculpe señor, el agente Gibbs está aquí esperándole", "Dígale que espere un momento", respondió el director con autoridad.
Por auto-reflejo Stan se sentó en la butaca de cuero negro que había frente al escritorio mientras le guiñaba un ojo a Caroline. "La guía del buen agente" se erguía firmemente sobre los demás panfletos en la mesa de cristal. Esa guía era lo primero que les exigían leer a cada agente de la agencia nada más ingresar, más concretamente cuando eran reclutados. En su caso Stan, la había leído con tan solo 14 años, cuando la encontró entre las pertenencias de su padre, después de que éste muriera en acto de servicio.
Stan viajó en su mente a aquella época, a las noches en el despacho de su padre leyendo su legado frente al fuego de la chimenea.
Recordaba el olor a puro y madera, el calor que desprendía el fuego cálido e insistente, la calidez del sofá frente a la venta, aquellos cuadros de impresionismo que inundaban la sala. Recordaba cada noche en la habitación, leyendo las memorias de su padre, sus libros favoritos, informes de casos, testimonios... Aquello le hizo pensar en su padre, el gran agente de la agencia, de los mas condecorados y valerosos. Un hombre de integridad, honor y sacrificio. El mismo sacrificio que tuvo que hacer Stan con la diferencia de que a el le costó su matrimonio. Añoraba a su padre más de lo que pensaba o podría dar la sensación. Siempre fue su héroe, su punto de inspiración, en quien se reflejaba en cada decisión que tomaba.
Mientras divagaba la puerta del despacho se abrió despertándole del ensimismamiento. El gobernador y un par de peces gordos de la política estadounidense y algún que otro alto cargo de alguna agencia no-gubernamental salieron con paso firme por ella. El último fue el director Smith, que con un "Hasta la próxima caballeros y buen día gobernador", se despidió del grupo. Tras examinar el rostro de Stan el director se giró hacia su secretaria. "No me pases ninguna llamada mientras esté reunido con el agente Gibbs, Caroline, a no ser que sea el mismísimo presiente". Acto seguido con un gesto de la cabeza le indico a Stan que entrara en su despacho.
"Por lo que puedo intuir hay algo importante que ronda por tu cabeza Stan, ¿Qué es lo que ocurre?", le dijo de una forma más cercana y cómplice. El director fue el compañero de su padre hasta el día de su muerte. En cierta manera siempre había sido como un tío para él y desde aquel incidente, como un segundo padre. En la agencia nunca le había servido tal vínculo para poder ascender mas fácilmente, ni tampoco se lo propuso. Alan Smith era un hombre de principios y desde el principio llegaron al acuerdo de que en el trabajo y, más aún delante de los compañeros, se tratarían según el rango, sin cercanías. Si quería llegar a ser un buen agente, mejor dicho, un gran agente, tendría que currárselo y demostrar que valía para ese trabajo.
"Buenos días tío Alan"- Stan notó en su mirada un mínimo sentimiento de incomodidad ante aquellas palabras -."Tengo algo que enseñarte". Sacó el contenido de su bolsillo y Alan alargó el brazo para coger el papel; de un rápido movimiento lo puso a la par de su cara y leyó:
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De: noname@anoniymous.as
Asunto: Información importante
Mensaje:
En la tierra de canguros tu pesadilla se esconde. ¡Sigue el camino de Hefesto!
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Tras un breve momento y sopesando sus palabras el directo le dijo a Stan -" Imagino lo que vienes a pedirme. Entonces, ¿Crees que es una información válida o por lo menos que deberíamos tenerla en cuenta? La verdad, es algo misterioso y aunque dudo que pueda ser alguien haciéndose el gracioso... esa última frase..."
"Te doy una semana para que puedas verificar esta nota, si encuentras algo que la reafirme o que la de algún sentido, ya hablaremos sobre el tema", le dijo con un deje de autoridad en su voz el director a Stan. "No hagas nada sin mi permiso Stan, ¡sé que llevas mucho tiempo deseando algo como esto!".
"Tranquilo tío no soy un novato, tengo más experiencia y sangre fría que en esa época, no te preocupes".
Tras un asentimiento y una mirada de complicidad, Stan salió del despacho confiado y excitado. Con la nota bajo la presión de su mano, fijó su mirada en Caroline. "¡Parece que va a ser una gran semana!", le dijo con una sonrisa y un brillo intenso en sus ojos.